A la luz de la Palabra podemos hablar de diferentes niveles de intimidad en nuestra relación con Dios:
1. Barro-Alfarero: Cuando venimos a Dios, generalmente traemos con nosotros diferentes patrones, pensamientos y actitudes contrarias a la naturaleza santa de Dios. Él nos toma como barro y nos moldea.
2. Pastor-Oveja: Empezamos a caminar con Jesús en nuestra vida, comprendemos algunos aspectos de su Palabra, reconocemos su voz, sus cuidados y su amor.
3. Amo-Siervo: Conforme vamos conociendo a Dios y comprendemos su sacrificio en la cruz, queremos corresponderle y nos entregamos a su servicio.
4. Amigo-Amigo: Según lo vamos conociendo más, podemos desarrollar una relación basada en la confianza mutua. Él es inmutable, lo que nos lleva a entender que nunca cambia y es fiel a todo lo que dice.
5. Padre-Hijo: Más cercano que un amigo, es una relación sanguínea. Existe un vínculo que nace de la comprensión de la entrega que Dios hizo por amor, y de la fe en su obra. Nos da el derecho a ser llamados sus hijos.
6. Esposo-Esposa: Nos convertimos en uno solo. Cuando lleguemos a amar a Dios con una entrega y compromiso así, podremos experimentar la plenitud en nuestra relación.

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